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ay veces que abres los ojos y sabes que es un día de esos. Un día de esos en los que te da por pensar, por poner cosas en juicio, por dudar de unas y estar segura de otras; esas ocasiones en las que tu mente y tu corazón se dedican a recordar, a volver la vista al pasado, a aquello que quedó atrás. A añorar esos buenos momentos, esa gente que quedó en el camino cuando tú ponías la mano en el fuego por que estarían en el futuro, contigo.
Y hoy es un día de esos, una de las ocasiones en las que permito abrir las puertas de mi mente y de mi corazón, de permitirme surcar los recovecos que escondo en lo no tan profundo de mi.
Y pienso, sí, pienso, últimamente lo hago muy a menudo… pero no importa, ya no duele, ya solo quedan cicatrices de las heridas que un día hubo.
Hoy despierto, aun sin abrir los ojos, y sonrío. Sí, sonrío, lo hago, y sin venir a cuento una sonrisa surge del fondo de mi ser, y es una sonrisa sincera.
Un “cariño” me recuerda que alguien me espera, y que tengo un camino que recorrer.
Abro los ojos y me encuentro con una mirada, con su mirada, límpida como ninguna, y ya no hacen falta más palabras.
Nos tenemos. Nos queremos.
Somos compañeros de un viaje llamado vida en el que hemos elegido con quien compartirlo.
El pasado ya pasó; el futuro es un misterio; pero hoy es un regalo, por eso se llama presente.
Gracias por compartirlo conmigo.