miércoles, 10 de octubre de 2012

Sentimientos... a flor de piel

Aunque a veces es fácil decir lo que sientes,
otras veces no sale así porque sí,
puede que el sentimiento sea grande e inmenso,
pero a veces es mejor no dejarlo salir.

He fingido, sonreído y llevado caretas,
tanto tiempo que ni te sabría decir,
pero llegó un momento en que eran sinceras
las sonrisas que sacaba a relucir.

Me sentía preciada, muy viva, muy llena,
y sentía que esto duraría así,
pero desde hace poco son solo poemas
porque extraño tenerte cerca de aquí.

Cuando dirijo la vista hacia ti
no veo otra persona más lejos de aquí,
hay veces que intento decir no es así
pero ya es dificil mentirme a mi...


-Te echo de menos...
             +quitate esa idea ya
-Te necesito...
              + no hay problemas aquí ya
-Es tan dificil....
              + tú puedes con esto y más
-Pero no puedo.....
               +aquí no ocurre nada de nada,
                                             nada de nada,
                                                  nada de nada
                                                                 ...
-Pero lo siento...
                 +pues déjalo correr
-Y es que no puedo...
                  +sí que puedes mujer
-Y tengo miedo...de que ocurra otra vez...
                 +pues no lo tengas. Será lo que tenga que ser..

martes, 29 de mayo de 2012

La historia de Georgia



Georgia se despierta un día más por el despertador que su cuerpo parece haberse tragado, mira el reloj y aún es temprano, como siempre, pero su día ya ha empezado, puesto que ya es imposible que concilie el sueño de nuevo. Se levanta y lo primero que hace es reunir a sus peluches y muñecos de trapo y ver como se encuentran.
Hay veces que permanecen en su sitio, con su sonrisa en el rostro...  otras, no es así...
Hoy, por ejemplo, la muñeca del vestido azul ha resbalado, con tal fortuna que se ha enredado uno de los hilos de sus trenzas en un saliente de la estantería, y la pobre muñeca se está deshilachando. Al menos no ha caído del todo, y Georgia saca su costurero y le arregla las trenzas con puntadas precisas y, para alegrarle, le marca más la sonrisa. Georgia devuelve la muñeca al estante.
Apenas pasa un rato, cuando una gotera se filtra por el techo y cae sobre una delicada flor de porcelana. Georgia escucha ese plof, plof, plof... dirige la vista arriba y descubre con dolor el desdibujado rostro de aquella margarita. Rápidamente coge una escalera, sube un peldaño, luego otro, luego otro.. Georgia tiene vértigo, pero tiene que seguir subiendo. Un par de escalones más Y tiene la flor en sus manos. Baja con cuidado para no dañarla más Y la deja sobre la mesa. Abre una caja en la Que guarda pinturas y pinceles, y con delicadeza quita las manchas que han dejado el agua al caer y le dibuja con un trazo preciso una sonrisa que le abarca toda la cara.
Una vez terminada la labor, sube de nuevo a la escalera y la devuelve a su lugar.
Como cada día, a la hora mágica de las hadas y los duendes, Georgia coge un puñado de polvos mágicos, los sopla en dirección a todos sus inanimados compañeros y entona una hechizante melodía que les hace cobrar vida y bailar. En ese momento, la felicidad reina en ese lugar. Ese es el instante de felicidad para Georgia.

Hoy, al despertar, se da cuenta de que se sigue escuchando ese plof, plof, plof.  La gotera había crecido!! Rápidamente, cogió los muñecos que habían sufrido algún tipo de daño por este incidente y los arregló. Los tuvo que cambiar de estante para dejarlos libres de un nuevo ataque de La gotera..

Los días siguientes, se produjeron lluvias continuadas, y la gotera fue creciendo, y abarcando cada vez más, hasta prácticamente dañar a toda la colección. Georgia se dedicaba a limpiar a los muñecos, coserles los rotos, pintarles lasimperfecciones... pero se le iban acumulando, y al día siguiente, volvían a estar dañados...

Aquella mañana despertó por algo nada habitual. Su cara estaba humedecida, y sus manos, y su pelo... abrió los ojos de golpe, y enseguida entendió lo que había sucedido. La gotera había crecido tanto que el techo había cedido, y toda la lluvia que estaba cayendo había entrado sin permiso en su habitación..  rápidamente se levantó, llegándole el agua embarrada casi por las rodillas, avanzado hasta todos los muñecos, y Por rondas, los llevó todos sobre su cama, que era lo que parecía no entrar tanto en el juego .
Ya tenía a todos sus seres a salvo, pero estaban dañados, desgarrados, deshilachados, descoloridos...
Georgia iba a levantarse de nuevo para coger sus útiles cuando la tormenta estalló de verdad, los truenos sonaban, los rayos caían... sería un suicidio meter el pie en el agua electrificada...
Georgia no sabía que hacer. No podía hacer nada....

La luna de Penelope


Hoy os voy a contar una pequeña historia de la gatita Penélope.
La gatita, que estaba sentada en lo alto de un banco solitario, abrió sus enormes ojos y miró al cielo. Desde allí podía ver tooooodas las estrellas del cielo, o bueno, al menos muchas de ellas, pero echaba de menos un astro en especial: la luna. Desde aquel banco de mármol, un edificio le impedía las vistas al cielo, evitando que el astro lunar pudiera ver el universo reflejado en sus ojos. Penélope no quitaba de su rostro esa mirada pensativa y decaída, y, a menudo, sus bigotes se veían limpiados por las gotas saladas que se permitía derramar cuando la noche caía y la oscuridad reinaba.
Muchas veces se imaginaba subiendo a aquel edificio de apenas tres o cuatro plantas, tumbarse en el tejado, y relajarse mirando aquel espejo de luz que era reina de la noche…. Que tiempos aquellos en los que disfrutaba de esos instantes de paz…pero de pronto, sacudió la cabeza enardecida e hizo sonar el cascabel que mostraba en su cuello.
No, no podía permitirse subir, no podía permitirse caer… Muchas veces había subido y ya fuese otro gato o el soplo de aire, le tiraba desde tal altura que… iba perdiendo vidas…
Si no ha contado mal, le quedaba únicamente la séptima vida que se le otorga a estos felinos, y Penélope no quería perderla.. no podía permitir que nada ni nadie le quitara su vida… pero, ¿Qué vida es aquella en la que nos paralizamos? ¿Qué vida es aquella en la que no podemos ver la luna?
Un día de entre otros, otra felina que llevaba rondando y oyendo cada noche sus maullidos, se acercó y le preguntó su preocupación. Penélope, desconfiada, no quiso desvelársela; pero esta felina tenía la peculiaridad de saber leer en el brillo de sus enormes ojos y en el tono de sus maullidos. Día tras día, Penélope tuvo compañía cada noche en aquel banco de mármol solitario, donde no veía la luna, pero al menos no estaba sola.
Después de un tiempo, en el que su compañera le invitó a acompañarle en la subida al tejado, Penélope decidió contarle su preocupación, aunque realmente, la otra felina ya lo había intuido. Esta le dijo a Penélope: “no tengas miedo, tranquila. Si tienes miedo, te daré la mano. Si alguien intenta tirarte, le arañaré. Si sopla el aire, te agarraré con fuerza. Soy lo que soy, ni más ni menos, no soy precisamente fuerte, ni hazañosa, ni ágil… pero todo lo que tengo, está aquí, para ti. Así que no tengas miedo. Los obstáculos que se presenten, juntas los esquivaremos”
Penélope dejó entrever una sonrisa y ambas gatitas, juntas, subieron a la primera planta del edificio. Desde allí no se veía la luna, pero si al menos una parte de ella, una pequeña porción que le daba ilusión por seguir.
No se cuanto tardó en llegar a lo alto del edificio, ni siquiera se si llegó a estar allí… esto es todo lo que se…