martes, 29 de mayo de 2012

La historia de Georgia



Georgia se despierta un día más por el despertador que su cuerpo parece haberse tragado, mira el reloj y aún es temprano, como siempre, pero su día ya ha empezado, puesto que ya es imposible que concilie el sueño de nuevo. Se levanta y lo primero que hace es reunir a sus peluches y muñecos de trapo y ver como se encuentran.
Hay veces que permanecen en su sitio, con su sonrisa en el rostro...  otras, no es así...
Hoy, por ejemplo, la muñeca del vestido azul ha resbalado, con tal fortuna que se ha enredado uno de los hilos de sus trenzas en un saliente de la estantería, y la pobre muñeca se está deshilachando. Al menos no ha caído del todo, y Georgia saca su costurero y le arregla las trenzas con puntadas precisas y, para alegrarle, le marca más la sonrisa. Georgia devuelve la muñeca al estante.
Apenas pasa un rato, cuando una gotera se filtra por el techo y cae sobre una delicada flor de porcelana. Georgia escucha ese plof, plof, plof... dirige la vista arriba y descubre con dolor el desdibujado rostro de aquella margarita. Rápidamente coge una escalera, sube un peldaño, luego otro, luego otro.. Georgia tiene vértigo, pero tiene que seguir subiendo. Un par de escalones más Y tiene la flor en sus manos. Baja con cuidado para no dañarla más Y la deja sobre la mesa. Abre una caja en la Que guarda pinturas y pinceles, y con delicadeza quita las manchas que han dejado el agua al caer y le dibuja con un trazo preciso una sonrisa que le abarca toda la cara.
Una vez terminada la labor, sube de nuevo a la escalera y la devuelve a su lugar.
Como cada día, a la hora mágica de las hadas y los duendes, Georgia coge un puñado de polvos mágicos, los sopla en dirección a todos sus inanimados compañeros y entona una hechizante melodía que les hace cobrar vida y bailar. En ese momento, la felicidad reina en ese lugar. Ese es el instante de felicidad para Georgia.

Hoy, al despertar, se da cuenta de que se sigue escuchando ese plof, plof, plof.  La gotera había crecido!! Rápidamente, cogió los muñecos que habían sufrido algún tipo de daño por este incidente y los arregló. Los tuvo que cambiar de estante para dejarlos libres de un nuevo ataque de La gotera..

Los días siguientes, se produjeron lluvias continuadas, y la gotera fue creciendo, y abarcando cada vez más, hasta prácticamente dañar a toda la colección. Georgia se dedicaba a limpiar a los muñecos, coserles los rotos, pintarles lasimperfecciones... pero se le iban acumulando, y al día siguiente, volvían a estar dañados...

Aquella mañana despertó por algo nada habitual. Su cara estaba humedecida, y sus manos, y su pelo... abrió los ojos de golpe, y enseguida entendió lo que había sucedido. La gotera había crecido tanto que el techo había cedido, y toda la lluvia que estaba cayendo había entrado sin permiso en su habitación..  rápidamente se levantó, llegándole el agua embarrada casi por las rodillas, avanzado hasta todos los muñecos, y Por rondas, los llevó todos sobre su cama, que era lo que parecía no entrar tanto en el juego .
Ya tenía a todos sus seres a salvo, pero estaban dañados, desgarrados, deshilachados, descoloridos...
Georgia iba a levantarse de nuevo para coger sus útiles cuando la tormenta estalló de verdad, los truenos sonaban, los rayos caían... sería un suicidio meter el pie en el agua electrificada...
Georgia no sabía que hacer. No podía hacer nada....

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