martes, 29 de mayo de 2012
La luna de Penelope
Hoy os voy a contar una pequeña historia de la gatita Penélope.
La gatita, que estaba sentada en lo alto de un banco solitario, abrió sus enormes ojos y miró al cielo. Desde allí podía ver tooooodas las estrellas del cielo, o bueno, al menos muchas de ellas, pero echaba de menos un astro en especial: la luna. Desde aquel banco de mármol, un edificio le impedía las vistas al cielo, evitando que el astro lunar pudiera ver el universo reflejado en sus ojos. Penélope no quitaba de su rostro esa mirada pensativa y decaída, y, a menudo, sus bigotes se veían limpiados por las gotas saladas que se permitía derramar cuando la noche caía y la oscuridad reinaba.
Muchas veces se imaginaba subiendo a aquel edificio de apenas tres o cuatro plantas, tumbarse en el tejado, y relajarse mirando aquel espejo de luz que era reina de la noche…. Que tiempos aquellos en los que disfrutaba de esos instantes de paz…pero de pronto, sacudió la cabeza enardecida e hizo sonar el cascabel que mostraba en su cuello.
No, no podía permitirse subir, no podía permitirse caer… Muchas veces había subido y ya fuese otro gato o el soplo de aire, le tiraba desde tal altura que… iba perdiendo vidas…
Si no ha contado mal, le quedaba únicamente la séptima vida que se le otorga a estos felinos, y Penélope no quería perderla.. no podía permitir que nada ni nadie le quitara su vida… pero, ¿Qué vida es aquella en la que nos paralizamos? ¿Qué vida es aquella en la que no podemos ver la luna?
Un día de entre otros, otra felina que llevaba rondando y oyendo cada noche sus maullidos, se acercó y le preguntó su preocupación. Penélope, desconfiada, no quiso desvelársela; pero esta felina tenía la peculiaridad de saber leer en el brillo de sus enormes ojos y en el tono de sus maullidos. Día tras día, Penélope tuvo compañía cada noche en aquel banco de mármol solitario, donde no veía la luna, pero al menos no estaba sola.
Después de un tiempo, en el que su compañera le invitó a acompañarle en la subida al tejado, Penélope decidió contarle su preocupación, aunque realmente, la otra felina ya lo había intuido. Esta le dijo a Penélope: “no tengas miedo, tranquila. Si tienes miedo, te daré la mano. Si alguien intenta tirarte, le arañaré. Si sopla el aire, te agarraré con fuerza. Soy lo que soy, ni más ni menos, no soy precisamente fuerte, ni hazañosa, ni ágil… pero todo lo que tengo, está aquí, para ti. Así que no tengas miedo. Los obstáculos que se presenten, juntas los esquivaremos”
Penélope dejó entrever una sonrisa y ambas gatitas, juntas, subieron a la primera planta del edificio. Desde allí no se veía la luna, pero si al menos una parte de ella, una pequeña porción que le daba ilusión por seguir.
No se cuanto tardó en llegar a lo alto del edificio, ni siquiera se si llegó a estar allí… esto es todo lo que se…
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