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n sueño agitado. Un recuerdo y una ilusión. Un deseo de añoranza y un quedarse en el camino. Sola, abandonada a mi suerte (mala, por supuesto).
Me despierto de sobresalto, solo ha sido un sueño. Y claro que tan solo ha sido un sueño. Ahora me incorporo, me encojo abrazada a mis piernas y miro al vacío. Al vacío que ahora reina a mi alrededor. Pues solo llego a ver un torbellino de fuegos de colores que se entremezclan, dejando ver imágenes; me confunden, pues pienso que es algo real, y, finalmente, se pierden.
Y sí, ahora me detengo a observar el tic-tac de la manecilla del reloj que marca con fuerza los segundos de mi soledad. Segundos que son minutos. Minutos que se hacen horas. Y hora tras hora, día tras día...pasan semanas. Semanas de soledad, semanas de recuerdo, semanas de malestar... Pues es así como me siento...sola. Sola en un mundo lleno de gente, sola en un mundo de promesas que no se cumplirán, sola en un mundo donde las personas juegan con el tiempo a su antojo...prometiendo que estarán contigo siempre...un siempre que se borra en un segundo...
Y, ¿quién sabe?, quizás el mundo consista en eso, en un continuo fluir de sentimientos que antes o después se pierden... Y es la débil la que se queda esperando inútilmente que las cosas vuelvan a ser como antes: que se vuelva a querer, que se vuelva a apreciar...sencillamente, que nada haya cambiado...pero las cosas no son así...no siempre una consigue lo que quiere...y ya va siendo hora de irlo aceptando...la amistad ya no es lo que era…
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