lunes, 26 de septiembre de 2011

Tergiversar

P
or la noche
mientras dormía
contigo soñaba,
y de día
despierta lo hacía.
Por mi mente divagabas
sin decir nada especial,
solo tu rostro aparecía
y yo lo veía peculiar.
Me susurrabas al oído,
cantabas canciones de nana,
 y yo, como siempre, sensible,
reía a la vez que lloraba.
No decías nada especial,
tus ojos lo hacían todo,
y mi corazón hablaba por sí solo.
Bombeaba con fuerza,
la sangre manaba,
y en roja tinta escribía:
“¡Dios mío, cuanto te amaba!”.
Tu silencio perturbaba,
no sabía que creer,
¿pensabas acaso lo mismo
o iba yo a perecer?
La esperanza se me hundía
bajo el agua una vez más,
 mas mi corazón gritaba:
“no seas tonta,
 no es verdad.
Sus ojos brillan al mirarte,
su sonrisa dice aun más,
sus acciones lo demuestran con creces,
¿y aun así tu pides más?”
A veces no parece posible,
mirar en la profundidad,
pero las cosas más sencillas
han de valorarse más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario