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ara muchos, la mayoría, esas dos bellas palabras que se deben pronunciar cargadas de sentimiento están huecas, vacías.
Te juran amor eterno pronunciando dos palabras que regalan por la calle a cualquiera, y si les preguntas, jamás te darán la razón. Seguirán insistiendo en que ese "te quiero" lleva mucho dentro. Y posiblemente no se equivoquen. Cargan esas palabras con algo oculto que intento comprender; pues, aunque no lo digan, le añaden complementos a esa oración de sujeto omitido. Pero no son complementos de cantidad que exploten el significado de esas dos palabras juntas. Para nada. Son, por el contrario, complementos que le anulan su contenido dándole importancia a lo que se le ha añadido: te quiero besar, te quiero ver, te quiero entero, te quiero solo para mí, te quiero hacer mía... ¿A quién le repercute realmente la acción? ¿Quién gana y quien pierde en este juego basado en artimañas, en el que ni siquiera compartimos idioma?
Ese te quiero pertenece a un TÚ y a un YO, que forman un NOSOTROS; o quizás no lo formen, pero les gustaría formarlo. Porque esas dos palabras, posiblemente las más maravillosas jamás oídas, lo dicen todo a la vez que nada, pues siempre queda algo por decir.
Ese te quiero que sale por la boca, que usa como medio la voz, ese te quiero que nace en alguna parte de un corazón, un corazón que palpita lleno de emoción esperando ver la reacción de su amor. En esas dos palabras se promete todo, tres únicas sílabas sin explicación, que si cuando las escuchas es algo sincero, créeme cuando te diga que recordaras ese momento con devoción.
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